El León

En una lejana sabana africana, andaba perdido un león. Llevaba más de veinte días alejado de su territorio y la sed y el hambre lo devoraban. Por suerte, encontró un lago de aguas frescas y cristalinas. Raudo, corrió veloz a beber de ellas para así, paliar su sed y salvar su vida.

Al acercarse, vio su rostro reflejado en esas aguas calmadas.

– ¡Vaya! el lago pertenece a otro león – Pensó y aterrorizado, huyó sin llegar a beber.

La sed cada vez era mayor y él sabía que de no beber, moriría. A la mañana siguiente, armado de valor, se acercó de nuevo a lago. Igual que el día anterior, volvió a ver su rostro reflejado y de nuevo, presa del pánico, retrocedió sin beber.

Y así pasaron los días con el mismo resultado. Por fin, en uno de esos días comprendió que sería el último si no se enfrentaba a su rival. Tomó finalmente la decisión de beber agua del lago pasara lo que pasara. Se acercó con decisión al lago, nada le importaba ya. Metió la cabeza para beber … y su rival, el temido león ¡desapareció!

Son tres los enemigos con los que un fiel cristiano deberá luchar. El primero es un enemigo INTERIOR, La carne, y los otros dos son enemigos EXTERIORES, el diablo y el mundo.

La Biblia llama carne a la parte pecaminosa del hombre, a la naturaleza humana contaminada con el pecado. A ese conjunto de instintos humanos corrompidos. Una inclinación heredada para lo malo, lo sucio y lo prohibido. El cristiano debe vigilarse, pues siempre habrá un conflicto entre su consciencia y las voluntad de la carne. Romanos 7:17-24 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Nuestra naturaleza busca rebelarse e independizarse de Dios. pablo entendió tres cosas: (1) El conocimiento no es la respuesta. Pablo se sentía bien mientras no entendía la ley, cuando aprendió la verdad supo que estaba condenado. (2) El luchar en nuestras propias fuerzas no da resultado (3) Con ser cristiano no basta para desarraigar todos los pecados de la vida. Nosotros somos nuestros propios enemigos y el no identificar esa áreas débiles nos puede condenar.

Pero no todo está perdido. En nuestras fuerzas es imposible vencer a nuestro propio enemigo que es la carne pero si lo hacemos con la ayuda de el Espíritu Santo entonces seremos mas que vencedores Romanos 8:13-14 Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Debemos tener conciencia del carácter malvado de nuestra naturaleza, asumiendo nuestra condición real. solo de esta manera, podemos acercarnos a Él para que nos limpie. Y ese acto significará dar por muerto el poder del pecado en nuestro cuerpo. Solo entonces ese león desaparecerá.

Recuerda que siempre cuentes con la ayuda del Espíritu Santo, la victoria será total

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *