La pareja perfecta

Sentados en la plaza del pueblo, dos viejos amigos conversan mientras observan a varias parejas sentadas en el césped.

– Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte? – preguntó el primero

– Lo pensé, pero nunca llegué a casarme – respondió el segundo -. Cuando era joven me decidí a buscar a la mujer perfecta.

Tras esgrimir una leve mueca, el hombre continuó diciendo:

– Cuanto fui a las costas encontré a la mujer más bella que jamás había visto, pero no conocía de las cosas materiales de la vida ni era muy espiritual. Cuando fui a lo más alto de la montaña, conocí a una mujer muy bonita y con un intenso interés por espiritual, pero no se le daba importancia a las cosas materiales o lo que ocurría en el mundo. Seguí andando y llegué a una ciudad, donde tropecé con una mujer muy linda y rica, pero no se preocupaba del aspecto espiritual. Al llegar a las praderas hallé a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Seguí buscando y en uno de mis viajes tuve la oportunidad de cenar en la casa de una joven bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material. Era la mujer perfecta.

Se produjo un breve silencio que permitió escuchar el suspiro de aquel hombre.

– ¿Y por que no te casaste con ella? – Le preguntó el amigo

– ¡Ah, querido amigo mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

La mayoría de solteros tiene una idea concreta de cómo anhela que sea su pareja. Cuando se les pregunta qué esperan de su futuro idóneo, usualmente tienen una descripción clara de cómo debe lucir físicamente, qué cualidades debe tener, su posición económica, educación, etc. Por algún motivo nos afianzamos a la idea estereotipada por la sociedad del llamado “Príncipe Azul”, El que nos presentaron en los cuentos de hadas, el galán de ojos azules que andaba en caballo, muy rico y educado; perfecto. Soñamos con la frase… y vivieron felices para siempre. ¡Qué gran mentira!

El consejo de muchos es que si ya tienes un ideal de pareja y se lo pides a Dios, Él te concederá ese deseo. Después de todo, el Padre siempre quiere lo mejor para sus hijos, ¿no es cierto? . Sin embargo la realidad es muy distinta.

No existe el prototipo de pareja perfecta, esos son idealismos que estan lejos de la realidad, y lejos de la voluntad de Dios. Con regularidad cuando se cree encontrar la persona perfecta se da un paso importante como el matrimonio y solo en esta etapa tan personal se descubre que la perfección se quedo solo en un idealismo.

Con esto no quiero decir que no encuentres a la persona que encaja perfecta en tu costilla, lo que trato de decir es que aunque encaje perfecto en tu costilla esa persona es imperfecta sujeta al error y la equivocación. Dios en su plan divino nos forma a través de nuestra pareja, nos permite aprender más sobre el amor, el respeto, la tolerancia, la paciencia y muchos más factores de nuestra vida. esta formación dirigida por Dios es la que perfecciona a la pareja.

Deja de buscar la persona perfecta y en tu voluntad, el único que sabe lo mejor para ti es Dios, así que entrégale a ÉL esa decisión y recuerda que tu también eres imperfecto. Efesios 4:1-2 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor. Pablo entendía claramente lo falibles que somos y hace el llamado a tres cosas importantes, que digo importantes; ¡importantísimas! las enumero: 1. humildad y mansedumbre 2. paciencia 3. amor, todo gira entorno a estos principios.

Esperar al prototipo de idóneo perfecto es un acto contra el amor. ¿Se quiere alguien con mucha educación y modales? ¿Alguien, compasivo, amoroso, detallista y trabajador? Entonces se debe empezar por hacerlo uno mismo.

Cuando uno se centra en lo que tiene para dar, y no en lo que espera recibir, entonces ya ha entendido el concepto del verdadero amor y está listo para compartirlo con otra persona.

Recuerda que la pareja perfecta no existe pero el amor perfecto si, el mas grande ejemplo de ese amor nos lo dio Jesucristo, dando su vida por nosotros en la cruz. ¡Dios te bendiga!

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