El balde inútil

Se cuenta de un sembrador que cada mañana acostumbraba buscar agua de un río. Con él llevaba dos baldes. Uno nuevo, sin defectos. El otro, viejo y lleno de huecos. El balde nuevo permitía que el sembrador llevará a su casa toda la cantidad de agua que recogía. El viejo, en cambio, derramaba la mitad del contenido a lo largo del camino. Por supuesto, el nuevo sentía que era útil. El viejo se sentía fracasado.

Un día, la autoestima del balde horadado alcanzó su punto más bajo. —Mi vida es un fracaso —dijo al sembrador—. Le pido disculpas por no hacer bien mi trabajo. — ¿Por qué me pides disculpas? —preguntó asombrado el sembrador. — ¿No se ha dado usted cuenta? Cuando regresamos del río derramó la mitad del agua en el trayecto a casa. En ese momento, el sembrador, sonriendo gentilmente, llevó al atribulado balde al río. De regreso, mientras recorrían la ruta acostumbrada, el hombre le pidió que observará con atención las hermosas flores del camino. — ¿Te das cuenta de que solo hay flores de este lado del camino? —preguntó el sembrador. —Pues, sí. ¿Pero qué hay de especial en ello? —Lo especial es que han crecido gracias al agua que tú derramas cada mañana. Todo este tiempo yo he sabido de tus huecos. Por eso sembré semillas de distintas flores solamente de este lado del camino.

Dios no se equivocó al crearte, desde antes que nacieras ya el Señor había dispuesto de tu existencia para grandes cosas, Él no creó algo inservible ni inútil; aun tus defectos y falencia en manos de Dios pueden convertirse en cosas maravillosas. Solo hace falta que creas y confíes plenamente en Él, para que una vez en sus manos te conviertas en un vaso ÚTIL, capaz de cumplir cabalmente su misión en esta vida, esa misión para la que fuiste creado.

2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Pablo fue un fiel seguidor y servidor de Cristo, él era consciente de sus debilidades y oró para que fueran quitadas de él y el Señor respondió: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad; es maravilloso, porque en esa expresión encontramos una esperanza redentora a todo lo que creíamos era inútil en nosotros. Todos sin excepción tenemos debilidades y hemos llegado a pensar que son fruto de la derrota y el pecado, sin embargo Dios se vale de nuestra debilidad para demostrar su poder a través de nosotros. El hecho de que el poder de Dios se manifiesta en las personas debiles deberia darnos suficiente valor como para seguir adelante. Al reconocer nuestras limitaciones, nos volveremos a Dios, buscando el camino para ser más efectivos.

Con esto no quiero decir que debemos entregarnos a nuestras debilidades, sino que debemos irnos perfeccionando junto con Cristo. Que nuestras debilidades desarrollen un carácter cristiano y nos afiancen más en este caminar con Cristo. ¡Así que no te desanimes Dios se vale de tu imperfección para perfeccionarte y el mostrar su gloria a través de tu vida!

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