El problema

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un gran castillo. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor. “Voy a presentarles un problema dijo. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del castillo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levanto, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación, lo retiró del banco y lo puso en el suelo.

“Usted es el nuevo guardián, le dijo el gran maestro, y explicó: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos ”.

Puede tratarse de un vaso de porcelana muy raro, un bello amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en recorrer porque nos trae comodidades. Sólo existe una forma de lidiar con los problemas: afrontarlos. En esos momentos no podemos tener piedad, ni dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto lleva consigo.

Con regularidad los problemas suelen llegar a nosotros de la peor forma, creemos que son fáciles de detectar por que nos agobian y afligen, nos roban la paz, y solo tenemos nuestra mente ocupada en ver de qué manera los resolvemos y salimos de ellos. Pero… Qué hay de aquellos problemas que se nos presentan de forma dulce y fascinante, esos que no detectamos y no los vemos como lo que son. Problemas

Más allá de lo que queremos reconocer, hay problemas que no queremos quitar del camino, un amor que nos hace daño y que no está en el plan de Dios es uno de los más comunes, una carrera universitaria que nos roba un gran ministerio, un viaje que nos distancia del camino con Cristo, un trabajo que nos hace darle la espalda a nuestras convicciones y hasta negar la fe. Estos problemas que no vemos ni queremos aceptar son los que debemos enfrentar, son de los que debemos escapar y son los que debemos resolver. Identificar ese problema en nuestra vida es el primer paso para quitarlo de en medio y seguir hacia adelante con Cristo.

Hubo un hombre en el antiguo testamento que fue rey, su nombre fue David, el adúltero con la mujer de uno de su generales y luego sentenció a ese hombre a la muerte. David hizo todo esto sin una mínima muestra de arrepentimiento, él aún no había identificado su problema; pero Dios no tardó en mostrarle ese gran problema. Una vez fue descubierto su pecado, David pudo identificar el problema y enfrentarlo; él dijo: Por que yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí (Salmos 51:3). Pídele dirección a Dios para que identifiques ese problema que está delante de ti, y con su ayuda puedas quitarlo de en medio.

En esta carrera de la fe habrán obstáculos y problemas que tendrán por misión desviarnos del propósito divino. Es necesarios llenarnos de valor para renunciar a todo aquello que nos impide avanzar, quitandolo del camino sin importar que tan hermoso, dulce o fascinante resulte a nuestra carne, entendiendo que eso que está enfrente es un problema y debemos resolverlo. Salmos 55:22 Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará

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