La telaraña

Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían atracarlo. El hombre entró en una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores a la que él se encontraba.

Con tal desesperación elevó una plegaria al Creador: “Dios Todopoderoso, haz que tus ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme”.

En ese momento escuchó a los hombres acercarse a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado: “Señor te pedí ángeles, no una araña.”
Y continuó: “Señor por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme”.

Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observó a la arañita tejiendo la telaraña.

Estaban ya los malhechores entrando en la cueva anterior y el hombre se quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva, ya la arañita había tapado toda la entrada.

Entonces se escuchó esta conversación:

– Entremos en esta cueva.
No. No hace falta.
¡Mira, hay una telaraña! Es imposible que haya podido entrar en esta cueva sin romperla. Sigamos buscando en las otras.

Pedimos cosas que desde nuestra perspectiva humana son lo que necesitamos, pero Dios nos da aquellas pequeñas cosas que se pueden volver grandes.
A veces pedimos muros para estar seguros, pero Dios en cambio nos pide confianza en Él, para dejar que su poder se manifieste y haga que algo como una telaraña nos de la misma protección que una muralla.

Dios, rara vez, hace algo exactamente como nosotros pensamos que lo hará. Nuestro problema es que tratamos de acondicionar a Dios, diciéndole que debe hacer, porque a nuestro pensar es lo que necesitamos.

En el antiguo testamento hubo un hombre que experimento esto, Moisés.

Dios le dijo a Moisés que Él iba endurecer el corazón del faraón. Sin embargo, el resultado no fue lo que Moisés esperaba. En vez de permitir que los hebreos salieran, el faraón aumentó su sufrimiento. En vez de convertirse en un héroe para los hebreos, Moisés fue despreciado por ellos, por traerles aún mayores sufrimientos.

Fue entonces cuando Moisés regresó donde el Señor, y le preguntó, “Señor, ¿por qué les has traído problemas a mi gente? ¿Para qué me mandaste? Muchas de las frustraciones que experimentamos, como cristianos, tienen que ver en cómo esperamos que Dios actúe en medio de nuestra necesidad; eso sin contar que también somos impacientes y esperamos que el actue al movimiento inmediato de un chasquido. Y es que Dios está lejos de actuar a nuestro parecer y a nuestra velocidad.

Cuando las cosas no salieron como Moisés esperaba , el se desalentó.

Dios le dijo a Moisés lo que debía hacer, y él solo debía confiar en Él.

Es ridículo tratar de hacer la obra de Dios, usando nuestro sentido común.

Isaías 55:8-9 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Si has pedido un muro y no ves más que una telaraña, recuerda que Dios sabe lo que realmente necesitamos. Confía en Él y Él hará.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *